Entrevista con El caminante
¿Cómo surge la idea de El caminante?
Eso
surgió en el año 2008, cuando el periódico se volvió diario nuevamente, después
de varios años de haber estado como semanario. Yo era el editor de Bogotá, y
pues eran bastantes páginas, y yo siempre he creído que los periódicos tienen
que ser más modernos, más vanguardistas, jugársela más por cosas distintas. Y
en un principio yo me inventé la columna para que todos los que estábamos en la
sección escribiéramos cada semana un texto bajo el nombre de “El caminante”, pero
escribí el primero y ninguno se atrevió a escribir la siguiente, entonces me
tocó a mí porque ya habíamos salido. Ya llevo como nueve años con esa columna,
que más allá de eso pues ha venido cambiando por supuesto, porque siempre vamos
cambiando y nuestra manera de escribir también. Para mí ha sido fundamental en
todo sentido, sobre todo porque me permite estar, como lo titulaba yo en una
columna de esas, “en estado de escribir”, y en estado de escribir uno siempre
va como tratando de captar, de aprehender, de buscar, de descubrir, siempre
buscando un tema, un detalle para escribir.
Esto hace parte de la sección de
opinión de El Espectador, ¿cuál es el valor de la opinión?
El
valor de la opinión, para mí, en los periódicos impresos actuales debería ser
casi que un ochenta, un noventa por ciento. Yo creo que las noticias ya todo el
mundo las supo.
No
solamente la opinión, sino temas muy investigados, distintos, escritos de otra
manera. El periódico impreso tiene que ser como el periódico gourmet. Pero
bueno, en Colombia siempre estamos atrasados, y yo pienso que seguimos haciendo
periódicos de hace cuarenta años.
En las facultades de comunicación y
de periodismo nos han enseñado que los columnistas tienen como tarea hablar de
temas noticiosos, el resumen y análisis de ellos. Usted habla más que todo de
la vida, del amor, de muchos temas históricos interesantes, que son actuales
pero no necesariamente noticiosos.
Sí,
bueno, yo tengo un conflicto siempre con todos los manuales habidos y por haber
y con las tradiciones, y yo pienso que en las facultades de periodismo
tristemente se siguen repitiendo muchas cosas, y las columnas de opinión pues,
no sé qué es una columna de opinión. Yo empecé a escribirla muy suelto y cada
vez me suelto más, y me llama la atención que tiene una cantidad de lectores y
de respuestas muy bonitas que también nos hacen ver que el público también pide
otras cosas, indudablemente. Los temas son actuales en cuanto a que son los
temas por los que se pregunta la humanidad desde que es humanidad, o sea, nunca
van a pasar de moda; a mí lo que me parece más fácil es hablar sobre la última
noticia y lo que ocurrió y dar una opinión sobre eso, y me aburriría
enormemente, entonces yo creo que, fundamentalmente, uno también escribe para
uno, y si yo no escribo de los temas que a mí me llaman y me tocan pues me
sentiría como un impostor.
De los columnistas que publican en El
Espectador o en otros periódicos, ¿cuál es su favorito o favoritos?
Hay
mucha gente que me llama “franja lunática” y a mí me parece muy gracioso, pero
yo trato de alejarme mucho de lo actual, y de los columnistas y de los periodistas,
de los periódicos, de la radio y todo lo demás, porque soy muy susceptible a la
contaminación, entonces si me pongo a leerlos y todo lo demás, de pronto me
contamino y empiezo o termino escribiendo sobre los temas que ellos escriben, y
sufriría una gran contaminación, entonces trato de leerlos mucho tiempo
después; no es que cada sábado, cada domingo o cada lunes esté mirando el uno o
el otro, sino que prefiero leer otras cosas, literatura, ensayos, cosas por el
estilo, porque una gran novela o gran ensayo me pueden dar el tema.
¿Y no es un poco complicado mantener
esa posición en un medio donde es tan necesario andar empapado de todo lo que
pasa?
Ahí
volvemos a lo mismo de antes. Hay que rompe con todos los manuales; el
periodismo impreso en este momento debería para mí alejarse en un noventa y
pico por ciento de lo que es la noticia; la noticia, incluso en la web, también
deberíamos alejarla; claro que es difícil, pero de las cosas absurdas que he
visto en mis años de trabajo, es tener varios periódicos al lado para ver qué
sacaron. No, olvidémonos de lo que sacan los demás. Tenemos que crear nuestro
propio contenido, tenemos que ser absolutamente creativos y buscar nuestras
propias investigaciones, fuentes, estilos, todo lo demás. No tiene ningún
sentido que al día siguiente yo saque cómo quedó el partido de Colombia, o quién
fue el candidato del Cambio Radical o cuestiones por el estilo cuando a eso se
le ha dado durante todo el día, no solamente por los portales web sino también
por las redes sociales, etc.
Hablando un poco de investigaciones y
estilos, hay un artículo que me fascinó llamado “El tren de la revolución” en
el marco de los cien años de la revolución rusa. En este texto usted hace una
hermosa crónica fundamentada en la semblanza de Vladimir Lenin. ¿Por qué elegir
este tema?
Soy
el editor de los festivos, y esa es una apuesta que hicimos desde hace siete
años, que es como yo haría el periódico todos los días, tocando un poquito la noticia,
pero con otra cantidad de textos de otros estilo mucho más para leer, para
pensar, para repasar. Las páginas centrales se las dedicamos al Magazín, que es
histórico en el periódico y que también lo resucitamos en web, y yo decido que
tema, y buscando me acordé de los cien años de la revolución y, por supuesto
que como a todos solo nos dieron una pequeña pincelada de lo que ocurrió, y me
dediqué por cuestión personal a leer muchos libros sobre la revolución, a saber
realmente quiénes eran esos personajes y qué fue lo que ocurrió, y realmente
eso me transformó la manera de ver la vida y de ver a la gente. Desde entonces
yo, como medio en broma medio en serio, yo como que voy mirando la gente y diciendo
con esta persona me iría o no me iría a una revolución, lo cual es una medida.
Y cuando tengo un problema o algo que afrontar pues me acuerdo de tipos como
Lenin y Trotsky, y digo estos tipos eran grandes, eran fuertes, dejaban lo
fácil a un lado; fueron 30, 35 años de estar luchando por la revolución,
sufriendo destierros, prisiones, Siberia, etc. Yo creo que ellos tomaban todo
al revés; el amor para ellos era muy distinto a lo que creemos hoy; la lealtad;
la lucha y todo lo demás. Y me dieron muchas lecciones, y decidimos empezar a
darle ocho páginas a cada magazín, y con el departamento de diseño trabajamos
toda la parte gráfica. Yo igual sigo leyendo muchas cosas de la revolución y de
Rusia porque me parece fascinante, porque ya uno que abrió la puerta de saber
quiénes eran ellos y qué fue lo que ocurrió, y me he dedicado a ver muchas
cosas durante todo el año. Ese suplemento pues es producto de eso, y realmente
es lo que yo considero que deberíamos hacer.
¿Con quién se iría a la revolución
hoy?
Esa
es la gran pregunta. Aquí no importan los sentimientos; le hemos dado durante
mucho tiempo por un bombardeo incesante demasiada importancia a lo que
sentimos, a lo fácil, a lo que sentimos de que voy a un bar y digo “Ay, me
gustaste, nos queremos”. No. Yo creo que más que querer hay que valorar; yo
iría a la revolución con una persona a la que yo valorara, una persona leal,
grande, inteligente, luchadora, convencida, fuerte, honesta. Mucho más me
importa eso que el que la quiera o no la quiera; aquí el querer no importa, no
juega. Yo creo que entre ellos no importaba tampoco el querer; importaba el te valoro. Y una cantidad de características que
creo que, tristemente, se han ido como diluyendo. El listón en donde estaba
antes lo que era lealtad, lo que era lucha, lo que era honestidad ha ido
bajando muchísimo. Precisamente yo creo que la manera de hacer una revolución
sería de a uno, sería poder tomar de alguien algo; entonces de quién tomas, de
una persona grande, de una persona que se nutre, de una persona que piensa, de
una persona que es leal. Si todos nos volvemos personas de las cuales los demás
puedan tomar y viceversa, yo creo que vamos cambiando la sociedad, y para eso
es fundamental leer y escribir y el arte en general.