lunes, 16 de octubre de 2017

Entrevista con El caminante



¿Cómo surge la idea de El caminante?

Eso surgió en el año 2008, cuando el periódico se volvió diario nuevamente, después de varios años de haber estado como semanario. Yo era el editor de Bogotá, y pues eran bastantes páginas, y yo siempre he creído que los periódicos tienen que ser más modernos, más vanguardistas, jugársela más por cosas distintas. Y en un principio yo me inventé la columna para que todos los que estábamos en la sección escribiéramos cada semana un texto bajo el nombre de “El caminante”, pero escribí el primero y ninguno se atrevió a escribir la siguiente, entonces me tocó a mí porque ya habíamos salido. Ya llevo como nueve años con esa columna, que más allá de eso pues ha venido cambiando por supuesto, porque siempre vamos cambiando y nuestra manera de escribir también. Para mí ha sido fundamental en todo sentido, sobre todo porque me permite estar, como lo titulaba yo en una columna de esas, “en estado de escribir”, y en estado de escribir uno siempre va como tratando de captar, de aprehender, de buscar, de descubrir, siempre buscando un tema, un detalle para escribir.  

Esto hace parte de la sección de opinión de El Espectador, ¿cuál es el valor de la opinión?
El valor de la opinión, para mí, en los periódicos impresos actuales debería ser casi que un ochenta, un noventa por ciento. Yo creo que las noticias ya todo el mundo las supo.
No solamente la opinión, sino temas muy investigados, distintos, escritos de otra manera. El periódico impreso tiene que ser como el periódico gourmet. Pero bueno, en Colombia siempre estamos atrasados, y yo pienso que seguimos haciendo periódicos de hace cuarenta años.

En las facultades de comunicación y de periodismo nos han enseñado que los columnistas tienen como tarea hablar de temas noticiosos, el resumen y análisis de ellos. Usted habla más que todo de la vida, del amor, de muchos temas históricos interesantes, que son actuales pero no necesariamente noticiosos.

Sí, bueno, yo tengo un conflicto siempre con todos los manuales habidos y por haber y con las tradiciones, y yo pienso que en las facultades de periodismo tristemente se siguen repitiendo muchas cosas, y las columnas de opinión pues, no sé qué es una columna de opinión. Yo empecé a escribirla muy suelto y cada vez me suelto más, y me llama la atención que tiene una cantidad de lectores y de respuestas muy bonitas que también nos hacen ver que el público también pide otras cosas, indudablemente. Los temas son actuales en cuanto a que son los temas por los que se pregunta la humanidad desde que es humanidad, o sea, nunca van a pasar de moda; a mí lo que me parece más fácil es hablar sobre la última noticia y lo que ocurrió y dar una opinión sobre eso, y me aburriría enormemente, entonces yo creo que, fundamentalmente, uno también escribe para uno, y si yo no escribo de los temas que a mí me llaman y me tocan pues me sentiría como un impostor.

De los columnistas que publican en El Espectador o en otros periódicos, ¿cuál es su favorito o favoritos?

Hay mucha gente que me llama “franja lunática” y a mí me parece muy gracioso, pero yo trato de alejarme mucho de lo actual, y de los columnistas y de los periodistas, de los periódicos, de la radio y todo lo demás, porque soy muy susceptible a la contaminación, entonces si me pongo a leerlos y todo lo demás, de pronto me contamino y empiezo o termino escribiendo sobre los temas que ellos escriben, y sufriría una gran contaminación, entonces trato de leerlos mucho tiempo después; no es que cada sábado, cada domingo o cada lunes esté mirando el uno o el otro, sino que prefiero leer otras cosas, literatura, ensayos, cosas por el estilo, porque una gran novela o gran ensayo me pueden dar el tema.

¿Y no es un poco complicado mantener esa posición en un medio donde es tan necesario andar empapado de todo lo que pasa?


Ahí volvemos a lo mismo de antes. Hay que rompe con todos los manuales; el periodismo impreso en este momento debería para mí alejarse en un noventa y pico por ciento de lo que es la noticia; la noticia, incluso en la web, también deberíamos alejarla; claro que es difícil, pero de las cosas absurdas que he visto en mis años de trabajo, es tener varios periódicos al lado para ver qué sacaron. No, olvidémonos de lo que sacan los demás. Tenemos que crear nuestro propio contenido, tenemos que ser absolutamente creativos y buscar nuestras propias investigaciones, fuentes, estilos, todo lo demás. No tiene ningún sentido que al día siguiente yo saque cómo quedó el partido de Colombia, o quién fue el candidato del Cambio Radical o cuestiones por el estilo cuando a eso se le ha dado durante todo el día, no solamente por los portales web sino también por las redes sociales, etc.

Hablando un poco de investigaciones y estilos, hay un artículo que me fascinó llamado “El tren de la revolución” en el marco de los cien años de la revolución rusa. En este texto usted hace una hermosa crónica fundamentada en la semblanza de Vladimir Lenin. ¿Por qué elegir este tema?
Soy el editor de los festivos, y esa es una apuesta que hicimos desde hace siete años, que es como yo haría el periódico todos los días, tocando un poquito la noticia, pero con otra cantidad de textos de otros estilo mucho más para leer, para pensar, para repasar. Las páginas centrales se las dedicamos al Magazín, que es histórico en el periódico y que también lo resucitamos en web, y yo decido que tema, y buscando me acordé de los cien años de la revolución y, por supuesto que como a todos solo nos dieron una pequeña pincelada de lo que ocurrió, y me dediqué por cuestión personal a leer muchos libros sobre la revolución, a saber realmente quiénes eran esos personajes y qué fue lo que ocurrió, y realmente eso me transformó la manera de ver la vida y de ver a la gente. Desde entonces yo, como medio en broma medio en serio, yo como que voy mirando la gente y diciendo con esta persona me iría o no me iría a una revolución, lo cual es una medida. Y cuando tengo un problema o algo que afrontar pues me acuerdo de tipos como Lenin y Trotsky, y digo estos tipos eran grandes, eran fuertes, dejaban lo fácil a un lado; fueron 30, 35 años de estar luchando por la revolución, sufriendo destierros, prisiones, Siberia, etc. Yo creo que ellos tomaban todo al revés; el amor para ellos era muy distinto a lo que creemos hoy; la lealtad; la lucha y todo lo demás. Y me dieron muchas lecciones, y decidimos empezar a darle ocho páginas a cada magazín, y con el departamento de diseño trabajamos toda la parte gráfica. Yo igual sigo leyendo muchas cosas de la revolución y de Rusia porque me parece fascinante, porque ya uno que abrió la puerta de saber quiénes eran ellos y qué fue lo que ocurrió, y me he dedicado a ver muchas cosas durante todo el año. Ese suplemento pues es producto de eso, y realmente es lo que yo considero que deberíamos hacer.

¿Con quién se iría a la revolución hoy?
Esa es la gran pregunta. Aquí no importan los sentimientos; le hemos dado durante mucho tiempo por un bombardeo incesante demasiada importancia a lo que sentimos, a lo fácil, a lo que sentimos de que voy a un bar y digo “Ay, me gustaste, nos queremos”. No. Yo creo que más que querer hay que valorar; yo iría a la revolución con una persona a la que yo valorara, una persona leal, grande, inteligente, luchadora, convencida, fuerte, honesta. Mucho más me importa eso que el que la quiera o no la quiera; aquí el querer no importa, no juega. Yo creo que entre ellos no importaba tampoco el querer; importaba el te valoro. Y una cantidad de características que creo que, tristemente, se han ido como diluyendo. El listón en donde estaba antes lo que era lealtad, lo que era lucha, lo que era honestidad ha ido bajando muchísimo. Precisamente yo creo que la manera de hacer una revolución sería de a uno, sería poder tomar de alguien algo; entonces de quién tomas, de una persona grande, de una persona que se nutre, de una persona que piensa, de una persona que es leal. Si todos nos volvemos personas de las cuales los demás puedan tomar y viceversa, yo creo que vamos cambiando la sociedad, y para eso es fundamental leer y escribir y el arte en general.


lunes, 25 de septiembre de 2017

El brazo de la voluntad


Tenía ventiún años cuando pasó. Había dejado sus estudios para lograr su sueño, y ya lo estaba cumpliendo. Acababa de grabar un prometedor disco y la fama lo rondaba con los ojos del éxito y el estrellato. Era 31 de diciembre de 1984 cuando Rick Allen conducía su coche hacia Sheffield para pasar el año nuevo con su familia. Un Alfa Romeo pasó, de manera muy osada, por su lado, y Rick quiso seguir el juego; la velocidad que llevaba le impidió controlar el Chevrolet Corvette que conducía y salió despedido de su automóvil, resultando gravemente herido en su brazo izquierdo. Allen quedó en shock y gritaba desesperadamente pidiendo auxilio. El cuadro era dramático, porque su novia, que venía con él, no estaba menos grave, y se encontraban en medio de la carretera sin muchas posibilidades de recibir ayuda.

Una transeúnte, que resultó ser enfermera, los socorrió. Cuando Allen fue llevado al hospital, los médicos lograron recomponer su brazo, pero la dicha no duraría demasiado, pues una infección devastadora terminaría por obligar a los médicos a amputarle el brazo a Rick. Fueron al menos tres semanas en el hospital para que el joven baterista de Def Leppard pudiera volver a casa. Se sabe que pasaba todo el día escuchando canciones en su walkman y que no paraba de pensar en el futuro de su carrera musical. Para ese momento, el viaje que la banda tenía programado en Brasil ya estaba cancelado y no podían pensar en grabar otro álbum. Para entonces, el éxito de Pyromania, lanzado a principios de ese año, los ponía como una de las bandas de heavy metal más elogiadas del momento, comprometiéndolos con un público fiel y entusiasta.

Jeff Rich, baterista de la agrupación Status Quo, acompañó a Rick en su difícil proceso de recuperación, y lo motivó a retomar su carrera. Discutieron, pensaron, hablaron, y llegaron a la conclusión de que Allen podría volver pronto a los escenarios. Para ello, propusieron el diseño de un kit especial que le permitiera a Allen tocar con una sola mano, dándole mayor actividad a sus pies, y así lograr las mismas velocidades rítmicas sin perder un ápice de su destreza en las percusiones.

La empresa fabricante de baterías electrónicas Simmons diseñó un kit especial para Allen y los resultados fueron asombrosos. Rick tuvo que trabajar muy duro y durante varias horas para acoplarse a su instrumento; sus compañeros de grupo no lo desampararon y le dieron el soporte necesario para que pudiera lograr su objetivo en el menor tiempo posible. Cuando Allen se sintió preparado, invitó a todos sus compañeros de banda e interpretó frente a ellos en clásico “When the Levee Breaks” de la mítica agrupación Led Zeppelin.

El sistema que ideó Simmons para la batería de Allen consistía en ubicar los toms principales al frente y al lado derecho del músico, y varios pedales sintetizadores a su izquierda, para que los tocara con el pie. Los pedales emulaban los sonidos de los timbales y la caja, aspecto que le proporcionó a Rick la posibilidad de tocar un conjunto completo de batería tan solo con su brazo derecho y su pie izquierdo.

Dos años después de su accidente y posterior proceso de recuperación, Allen volvió a los escenarios. Lo hizo en el festival “Monsters of Rock” de 1986 a la vez que estrenaba con su banda un nuevo disco, Hysteria, editado en 1987. Def Leppard era ya una leyenda y su arrollador éxito en el Reino Unido les dio el suficiente prestigio para ser reconocidos mundialmente.

Alguna vez, tertuliando con otros fanáticos del rock, llegamos al tema de los músicos que se han suicidado. Unos estaban a favor (defendían la libertad de acabar con la vida propia) y otros, sin estar en contra, decían que el suicidio no era el mejor ejemplo que se pudiera dar, y menos en un contexto como el rock, en donde más allá de la música, hay una filosofía basada en la afirmación de la vida y la existencia. Mucho se dijo y a nada se llegó, pero comentamos el caso de Allen, y la única conclusión que sacamos es que él encarna el verdadero espíritu del rock porque, ¿cómo es que uno pierde un brazo y pretende seguir tocando la batería de forma profesional? Para entenderlo hay que ponerse en los zapatos de Rick y ni así se puede entender. Allen fue más allá, se optimizó como ser humano y se quitó cualquier estigma de “artista discapacitado” o cualquier otra etiqueta por el estilo.

No cabe duda de que Rick Allen es un referente fundamental para todos aquellos que tengan aspiraciones artísticas y no confían lo suficiente en sus capacidades. Para Allen la voluntad fue suficiente para romper las fronteras que tuvo en la vida, y ese es su gran mérito. La música y el arte están al alcance de quien está dispuesto a dar todo por sus sueños, incluso cuando no todas las partes de su cuerpo están ahí para lograrlo. Eso es lo que enseñan Rick y su esposa con su fundación Raven Drum Fundation en donde ayudan a niños minusválidos a superar sus limitaciones. Allen no solo ha marcado tendencias musicales y grandes conciertos; ahora deja huella en las vidas de quienes ven en él a un ser cuyo compromiso consigo mismo demostró que no hay barreras tan grandes que no se puedan vencer con un buen ritmo y una voluntad implacable.

Juan Hernany Romero C.


lunes, 11 de septiembre de 2017

Las voces cantantes y disonantes del periodismo de opinión

Fernando González Ochoa 

La evolución del género de la opinión en el periodismo es uno de los fenómenos más interesantes de este campo. Es fundamental saber y reconocer que este género no siempre ha sido tal y como lo conocemos hoy. De eso nos habla el texto Las voces cantantes y disonantes del periodismo de opinión.

En primer término, tenemos el panfleto. El panfleto, también llamado libelo difamatorio o diatriba tenía un carácter sumamente controversial. La sola palabra lo dice todo: difamatorio. Al ser escrito con objetivos esencialmente políticos, el panfleto se convirtió en una de las armas ideológicas más comunes en el siglo XIX.

Tenemos varios autores que por su perspicacia y precisión se destacaron en este campo. El caso de Vargas Vila es uno de los más fascinantes. Sus constantes ataques contra el imperialismo yanqui le costaron el exilio. Cabe anotar que los grandes escritores de panfletos llegaron a tener sonoridad en el campo de la literatura.  No se quedan atrás los casos de El Indio Uribe o el Ñito Restrepo, quienes fueron grandes precursores del movimiento liberal en Colombia.

En el texto se señalan dos autores destacados por sus rasgos característicos. Por un lado está Laureano Gómez, y por el otro Fernando González Ochoa, el filósofo pisa, el pensador de Otraparte. Apunto que no estoy de acuerdo con esta comparación, ya que Gómez fue un hombre de Estado y González un filósofo. El hecho de que se hayan hecho panfletos en una época determinada no quiere decir que sean de la misma calaña.

Pasamos así al editorial. De los más destacados y puesto como precursor y genio del editorial está Rafaeil Núñez. El editorial no perdía el picante, la sátira, lo provocador del panfleto. El tema político se mantiene, pero cambia de perspectiva: pasa de políticos a periodistas de oficio. Así tenemos, por ejemplo, a Fidel Cano de El Espectador. Cabe anotar que a nivel ideológico y político el editorial fue definitvo: “Jorge Eliécer Gaitán en la tribuna y José Mar en la prensa son los verdaderos responsables de las tendencias revolucionarias en el país”.

El suelto es o fue un género del que hoy poco o nada se habla. Eran latigazos cortos, certeros, de interés público. El suelto tiene como rasgo el atrevimiento. Muchos lo consideraron un pequeño panfleto, un hijo menor de él. Con el tiempo, el género se fue puliendo en su estilo y llego a la forma de versos irónicos, décimas, “ensaladillas”, paliques, epigramas y aforismos. Si nos detenemos a pensar, la producción de estos textos debía quedar en manos de grandes conocedores del lenguaje, de gran ingenio y perspicacia.

Entramos de ese modo a las columnas vertebrales. . Muy común fue el hecho de que los columnistas utilizaran seudónimos. Fueron gran caldo de cultivo para el desarrollo de estilo y filiaciones políticas.
Volvamos una vez más al pensador de Otraparte. Los periódicos La organización, El Sol y El Espectador fueron propicios para sus publicaciones. Lo destaco porque es diferente a todos los demás, pulló verdaderamente, pero lo hizo con dignidad, sin gritar, con un lenguaje cultivado pero sencillo, con un profuundo sentido de la filosofía y la sociedad. Miren ustedes al maestro González: “Voy a bregar, en forma de monólogo, porque aquí no hay con quién. Serán monólogos en que vaya diciendo lo que vivo, sin llegar a conclusiones finales, pues solo los muertos no padecen ya”. Me arriesgo a decir que se aproxima un poco a nuestro contemporáneo Fernando Araújo Vélez, El caminante, también de El Espectador.

Destaco también, por su influencia y renombre, el trabajo de Yamid Amat como columnista. Su “chismecillos” político, publicados bajo su seudónimo Juan Lumumba, son un gran ejemplo de estilo y gracia.

Qué interesante es hablar hoy de los llamados columnistas filólogos y críticos. Solo con oír apellidos como Caro, Cuervo, Suárez o Marroquín sabemos a qué nos enfrentamos. Hay, evidentemente, una gran preocupación por el lenguaje, por la cultura, por el idioma. Vivir en la época en que Rufino José Cuervo publicaba sería una maravilla. Pocos referentes como él. Por su puesto, la crítica literaria jugó un papel preponderante en este contexto. La gente no solo se informaba. La gente se educaba, se divertía, aprendía el buen lenguaje, se cultivaba y contrastaba. Eduardo Zalamea Borda fue un referente excepcional y un verdadero ejemplo de escritura. Hacía de las lecturas dominicales un plato gourmet, una delicia, una exquisitez.

Cerramos con la crítica gráfica. La conocemos mejor como caricatura y no es menos importante que los otros géneros. Tomemos las palabras de Adolfo Samper: “La caricatura es a la pintura lo que el periodismo a la literatura: una faena de improvisación, de esgrima intelectual, ágil pero eminentemente circunstancial, agradable pero perecedera. La caricatura, como la nota editorial, pierde sustancia y significado con el paso del tiempo”.

No cabe duda que la caricatura debe ser feroz, puntual, precisa, sustancial, directa. No es nada fácil de hacer y su producción abarca muchos campos. Pasar por la cronología de los caricaturistas más destacados de Colombia es tarea del lector, pero tener en cuenta a los más contemporáneos es fundamental para entender el periodismo de opinión. No dejemos de destacar el trabajo de Antonio Caballero, Héctor Osuna o Carlos Mario Gallego, Mico.
El valor de la opinión es enorme y representa la piedra angular del periodismo en su relación con el pensamiento y la formación de criterio en todo el mundo.


Juan Hernany Romero C.  

lunes, 4 de septiembre de 2017

Una semana de infarto


Pocas semanas hay en Colombia como esta. El lunes, muy temprano, el presidente Santos anuncia el cese al fuego bilateral con el ELN como primer gran avance de las negociaciones en Quito, Ecuador. El martes tendremos a la selección Colombia enfrentando a su rival eterno y apasionado, Brasil, en el marco de las eliminatorias al mundial del Rusia 2018. Y del miércoles en adelante tendremos a Bergoglio en su viaje apostólico en Bogotá, Medellín, Villavicencio y Cartagena. ¿Así, o más trajinado?

Bueno, lo del ELN ya lo dijeron esta mañana, y lo de Francisco es hasta el miércoles. Hablemos entonces de la selección.

Bajo el inclemente sol de Barranquilla y el sopor que sale del fondo del estadio Metropolitano, el seleccionado nacional estará jugando un partido determinante para clasificar al mundial. Tiene como ventaja hacerlo como local, pero con Brasil nunca se sabe. Valga decir que es muy característico del combinado tricolor jugar en grande cuando lo hace contra grandes, y ceder su magnífico juego cuando se enfrenta a equipos sin tanto renombre. No sé muy bien porqué lo hace, pero siempre ocurre lo mismo.

Lo anterior, en este caso, es positivo, porque Brasil es el mejor equipo del continente y uno de los favoritos para ganar el mundial. Además este será uno de esos partidos especiales en donde la tensión brota a flor de piel y las emociones se extienden más allá del pitido final. No cabe duda de que este es uno de los encuentros más esperados de la fecha y el más entretenido de todos. Se ha convertido, indudablemente, en un clásico.

Ya queda muy poco para que culmine la etapa clasificatoria de las selecciones al mundial, y aun así la tabla sigue muy abierta y casi todos tienen posibilidades. Colombia va de segundo, pero tiene apenas cuatro puntos más que Perú, que va de sexto y es, de momento, el primer eliminado. El partido con Brasil, sin duda, será muy complicado y no resulta sensato predecir una victoria del conjunto colombiano. Sin embargo, sabemos que la selección tiene con qué, y si aprovecha las oportunidades puede adelantársele en el marcador al equipo de Neymar.

Desde el inicio de las eliminatorias al mundial hemos visto a un equipo compacto, con una gran flexibilidad y capacidad de adaptación a las condiciones de cada encuentro deportivo. Esta vez, en Barranquilla, el equipo de Pékerman será el protagonista de uno de los partidos más prometedores en la historia de la selección nacional, con la esperanza de vencer a uno de los rivales más directos e intimidantes desde todos los puntos de vista, también con un equipo compacto y una interesante distribución de sus jugadores.

Si la selección Colombia gana quedará a un solo paso para entrar en la fiesta más grande de fútbol en el mundo, y seguir dejando huella en la memoria de los hinchas que fecha a fecha demuestran su pasión y compromiso con un equipo que da grandes sorpresas y sale lleno de optimismo a la cancha.
Una victoria del combinado tricolor significaría para este país una de las semanas más agitadas en toda su historia. Pues bien, que eso se defina en el cásico suramericano de la fecha, y que sea este juego en sus noventa minutos el más emocionante y divertido de la jornada.

Juan Hernany Romero C.



lunes, 28 de agosto de 2017

Bergoglio en su paseo por Colombia



Iniciando el 2017, cuando el anuncio de la visita de Bergoglio comenzó a generar revuelos por cuestiones políticas, el Arzobispo de Medellín, Monseñor Ricardo Tobón solicitó: “no usar el acontecimiento como un evento político para hacer visible intereses particulares”. Esto porque desde el año pasado se generó un vínculo muy estrecho entre la visita del Papa y la firma del Acuerdo de Paz, tan en boga por ese entonces cuando todo giraba en torno al plebiscito y la posterior corrección de los acuerdos en busca de un gran pacto nacional.

Semanas más tarde, a manera de comunicado institucional, los obispos y sacerdotes de toda Colombia recalcaron que la visita de Francisco es “un viaje con fines pastorales y religiosos, sin enfoques políticos”. Es un hecho que desde los distintos sectores de la Iglesia Católica en Colombia se ha procurado unificar las opiniones y los discursos alrededor de la venida del Papa.

Desde que en el 2013 Francisco sustituyó al entonces Papa Benedicto XVI muchos son los comentarios, en su mayoría positivos, sobre el papado del argentino. Francisco, en principio, no es franciscano, es jesuita. Esa fue la orden donde anduvo la mayor parte del tiempo. Se puso Francisco en honor al santo de Asís, aunque tiene más semejanzas con Ignacio de Loyola. Ahora muchos se preguntarán, ¿y eso qué tiene de importante?

Tiene de importante que lo de Francisco vino después. Con lo de Francisco me refiero al nombre, al alias. Ha debido, por razones de tiempo y coherencia, llamarse Ignacio. Pero eso no sería muy rentable puesto que la Compañía de Jesús, fundada por Ignacio de Loyola, no es más que un mísero recuerdo. Fue arrasada por las demás órdenes mendicantes salidas del Vaticano: el Opus Dei y Los legionarios de Cristo. La primera la fundó, el Opus Dei, Josemaría Escribá de Balaguer. Nótese la unanimidad santa de su nombre: José-María. Ese curita cascarrabias cuya voz se volvió orden en todos los colegios de Medellín. En Medellín, para ese entonces, se solían organizar procesiones en todos los barrios a eso de las tres o cuatro de la madrugada, y se paseaban vírgenes, de yeso, claro está, por las casas, sin dejar de santiguar el último rincón.

¿Entonces por qué Bergoglio se puso como se puso: Francisco?  Porque Francisco cotiza más, es más rentable. ¿No prefieren los devotos al santo que dice amar a los animales y reconocerlos como hermanos? Claro, a la gente le gusta más, y a la Iglesia le sirve. En el siglo XIII hubo un hombre llamado Francisco, que era de Asís, Italia. Más adelante le montaron el San, se lo montó el entonces papa Gregorio IX, el que instituyó la inquisición. A Bergoglio, que no lo han canonizado aún, ya le habían dado un título antes de ser papa, el de Cardenal Presbítero de San Roberto Belarmino. Se lo dio Wojtyła, alias Juan Pablo Segundo, el 21 de febrero de 2001. San Roberto Belamino, el que ordenó quemar vivo a Giordano Bruno por decir que las estrellas eran otros soles y que Jesús no era un mesías sino un mago.

A todas estas me pregunto, ¿quién fue Jesús? Incluso entre los no creyentes corre la voz de que fue un maestro. Para mí no puede serlo así puesto que no lo conocí. Ni siquiera sé si existió o fue lo que dicen que fue. Por encima lo conozco por los evangelios, que son cuatro pero que se contradicen entre sí. Dicen que hablaba arameo y hacía sus milagros con vergüenza, porque era más bien modesto y no quería probar a Dios. Dicen algunos aún más atrevidos que fue el primer comunista de la historia. Quién sabe, yo no lo conocí. Además depende de lo que usted entienda por comunismo.

De Francisco también han dicho que es comunista. Del todo no puede serlo porque no se puede alinear a ningún partido. Aunque a todos les reparte bendiciones a diestra y siniestra. Lo puede hacer, incluso, con los ojos cerrados. También hace milagros, como Cristo. El viernes 7 de septiembre se reunirá con su futuro homónimo en Bogotá. Futuro porque, como ya dije, aún no lo han canonizado. Y homónimo porque, por linaje, este ya se consagró al santoral, aunque posterior a su nombre y en plural: Santos. Hablarán de quién sabe qué; de la paz, supongo, aunque sin banderas políticas ni partidistas, como lo piden los obispos. Lo saludarán los jóvenes, vestidos de blanco y armados con si kit del peregrino, y lo mirarán los viejos, que hablan mal de su país pero bendicen al argentino.  Moverá multitudes como Cristo, y dirá que todos somos hermanos, como Francisco. Amén.


Juan Hernany Romero C.

viernes, 11 de agosto de 2017

La sociedad del garrote


La sociedad nos ha ido acostumbrando, desde que somos muy pequeños, a que cada cosa que hacemos tiene una recompensa o un castigo. Si te tomas toda la sopa, te compro ese muñequito que tanto quieres; si estudias y haces las tareas, te llevo al cine; si me ayudas a lavar a loza, te compro un celular. Así es en la casa. Y en el colegio los chicos estudian (cuando no es que se copian la tarea de otros) para no reprobar y ser castigados en sus casas. Ya cuando crecemos, lo que hacemos es buscar un trabajo basados en lo que nos pagan y no en lo que nos toca hacer. Solo le damos importancia a la recompensa económica, claro, para poder pagar las deudas y que no nos embarguen la casa, y no sentirnos tan miserables en la escala de la estratificación social, que es lo que, en últimas, más nos importa.

Solo muy pocas veces y en casos muy particulares, alguien se cuestiona por el impacto de sus acciones en la sociedad, más allá de la conveniencia personal. Estamos esquematizados y guiados por lógicas conductistas en donde o es el garrote o es el billete lo que funciona. El niño no estudia porque piense en un futuro con nuevas ideas y transformaciones sociales, sino porque le toca, y si no hay castigo. Y el adulto igual, trabaja sin conciencia, tan solo huyendo de los problemas que le traería el no hacerlo y buscando acumular más y más bienes.

En ese orden de ideas, poco es lo que nos importa que haya basura en la calle, finalmente para eso están los recolectores de basura y los recicladores. Que trabajen y no sean perezosos ni vagos, pero, por favor, si no es mucha molestia, no hagan tanto ruido por la noche porque hoy es lunes y vengo de trabajar. Si quieren hagan todo el ruido el sábado, que voy a hacer una reunioncita para estrenar mis nuevos altoparlantes con los discos de Dario Gómez. Al pie de la puerta les dejo las botellitas de ron.
Mis vecinos se molestaron la otra noche, la del sábado, dizque porque hice mucho ruido. Envidiosos. Lo que pasa es que les molesta que yo estrene equipo de sonido y ellos no. Chusma. Pero como no saben quién soy yo, entonces ahora que me conozcan. Les voy a armar un escándalo en la mitad de la calle a ver si cogen escarmiento y dejan de ser tan sapos.

¡Qué tal! Yo trabajando toda la semana, tratando de dormir con el ruido del camión de la basura, y cuando puedo descansar estos envidiosos no me dejan. Que trabajen y se compren su propio estéreo y con eso no escuchan mi ruido.

Pero volvamos al tema de antes, que ya se me fue la idea. Es que mi vecino, aunque no pudo comprar un equipo como el mío, ahora trae mariachis a las tres de la mañana para contentar a su mujer, que se resbaló en una caca de perro cuando lo vio orinando en el muro de la miscelánea, a la hora en que todos los niños van a comprar los materiales para sus carteleras y así no les pongan cero. Sus rancheras no me dejan concentrar.

Ahora bien, lo que les quería decir es que me parece el colmo que tengan que andar castigándonos por no acatar normas tan sencillas. Lo digo por mi vecino, claro está, que ahora es deudor moroso del Estado por no pagar sus multas a tiempo. Pero allá él, si no aprende, entonces que le den garrote, que le den por donde más le duele, por el bolsillo. Yo por mi parte ya aprendí la lección y no volveré a reincidir en mis faltas, mejor dicho, no me voy a dejar volver a pillar. De aquí en adelante toca andar más avispado que un policía en moto buscando multas.


Juan Hernany Romero C.
@SectaDeLectores