lunes, 11 de septiembre de 2017

Las voces cantantes y disonantes del periodismo de opinión

Fernando González Ochoa 

La evolución del género de la opinión en el periodismo es uno de los fenómenos más interesantes de este campo. Es fundamental saber y reconocer que este género no siempre ha sido tal y como lo conocemos hoy. De eso nos habla el texto Las voces cantantes y disonantes del periodismo de opinión.

En primer término, tenemos el panfleto. El panfleto, también llamado libelo difamatorio o diatriba tenía un carácter sumamente controversial. La sola palabra lo dice todo: difamatorio. Al ser escrito con objetivos esencialmente políticos, el panfleto se convirtió en una de las armas ideológicas más comunes en el siglo XIX.

Tenemos varios autores que por su perspicacia y precisión se destacaron en este campo. El caso de Vargas Vila es uno de los más fascinantes. Sus constantes ataques contra el imperialismo yanqui le costaron el exilio. Cabe anotar que los grandes escritores de panfletos llegaron a tener sonoridad en el campo de la literatura.  No se quedan atrás los casos de El Indio Uribe o el Ñito Restrepo, quienes fueron grandes precursores del movimiento liberal en Colombia.

En el texto se señalan dos autores destacados por sus rasgos característicos. Por un lado está Laureano Gómez, y por el otro Fernando González Ochoa, el filósofo pisa, el pensador de Otraparte. Apunto que no estoy de acuerdo con esta comparación, ya que Gómez fue un hombre de Estado y González un filósofo. El hecho de que se hayan hecho panfletos en una época determinada no quiere decir que sean de la misma calaña.

Pasamos así al editorial. De los más destacados y puesto como precursor y genio del editorial está Rafaeil Núñez. El editorial no perdía el picante, la sátira, lo provocador del panfleto. El tema político se mantiene, pero cambia de perspectiva: pasa de políticos a periodistas de oficio. Así tenemos, por ejemplo, a Fidel Cano de El Espectador. Cabe anotar que a nivel ideológico y político el editorial fue definitvo: “Jorge Eliécer Gaitán en la tribuna y José Mar en la prensa son los verdaderos responsables de las tendencias revolucionarias en el país”.

El suelto es o fue un género del que hoy poco o nada se habla. Eran latigazos cortos, certeros, de interés público. El suelto tiene como rasgo el atrevimiento. Muchos lo consideraron un pequeño panfleto, un hijo menor de él. Con el tiempo, el género se fue puliendo en su estilo y llego a la forma de versos irónicos, décimas, “ensaladillas”, paliques, epigramas y aforismos. Si nos detenemos a pensar, la producción de estos textos debía quedar en manos de grandes conocedores del lenguaje, de gran ingenio y perspicacia.

Entramos de ese modo a las columnas vertebrales. . Muy común fue el hecho de que los columnistas utilizaran seudónimos. Fueron gran caldo de cultivo para el desarrollo de estilo y filiaciones políticas.
Volvamos una vez más al pensador de Otraparte. Los periódicos La organización, El Sol y El Espectador fueron propicios para sus publicaciones. Lo destaco porque es diferente a todos los demás, pulló verdaderamente, pero lo hizo con dignidad, sin gritar, con un lenguaje cultivado pero sencillo, con un profuundo sentido de la filosofía y la sociedad. Miren ustedes al maestro González: “Voy a bregar, en forma de monólogo, porque aquí no hay con quién. Serán monólogos en que vaya diciendo lo que vivo, sin llegar a conclusiones finales, pues solo los muertos no padecen ya”. Me arriesgo a decir que se aproxima un poco a nuestro contemporáneo Fernando Araújo Vélez, El caminante, también de El Espectador.

Destaco también, por su influencia y renombre, el trabajo de Yamid Amat como columnista. Su “chismecillos” político, publicados bajo su seudónimo Juan Lumumba, son un gran ejemplo de estilo y gracia.

Qué interesante es hablar hoy de los llamados columnistas filólogos y críticos. Solo con oír apellidos como Caro, Cuervo, Suárez o Marroquín sabemos a qué nos enfrentamos. Hay, evidentemente, una gran preocupación por el lenguaje, por la cultura, por el idioma. Vivir en la época en que Rufino José Cuervo publicaba sería una maravilla. Pocos referentes como él. Por su puesto, la crítica literaria jugó un papel preponderante en este contexto. La gente no solo se informaba. La gente se educaba, se divertía, aprendía el buen lenguaje, se cultivaba y contrastaba. Eduardo Zalamea Borda fue un referente excepcional y un verdadero ejemplo de escritura. Hacía de las lecturas dominicales un plato gourmet, una delicia, una exquisitez.

Cerramos con la crítica gráfica. La conocemos mejor como caricatura y no es menos importante que los otros géneros. Tomemos las palabras de Adolfo Samper: “La caricatura es a la pintura lo que el periodismo a la literatura: una faena de improvisación, de esgrima intelectual, ágil pero eminentemente circunstancial, agradable pero perecedera. La caricatura, como la nota editorial, pierde sustancia y significado con el paso del tiempo”.

No cabe duda que la caricatura debe ser feroz, puntual, precisa, sustancial, directa. No es nada fácil de hacer y su producción abarca muchos campos. Pasar por la cronología de los caricaturistas más destacados de Colombia es tarea del lector, pero tener en cuenta a los más contemporáneos es fundamental para entender el periodismo de opinión. No dejemos de destacar el trabajo de Antonio Caballero, Héctor Osuna o Carlos Mario Gallego, Mico.
El valor de la opinión es enorme y representa la piedra angular del periodismo en su relación con el pensamiento y la formación de criterio en todo el mundo.


Juan Hernany Romero C.  

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