lunes, 28 de agosto de 2017

Bergoglio en su paseo por Colombia



Iniciando el 2017, cuando el anuncio de la visita de Bergoglio comenzó a generar revuelos por cuestiones políticas, el Arzobispo de Medellín, Monseñor Ricardo Tobón solicitó: “no usar el acontecimiento como un evento político para hacer visible intereses particulares”. Esto porque desde el año pasado se generó un vínculo muy estrecho entre la visita del Papa y la firma del Acuerdo de Paz, tan en boga por ese entonces cuando todo giraba en torno al plebiscito y la posterior corrección de los acuerdos en busca de un gran pacto nacional.

Semanas más tarde, a manera de comunicado institucional, los obispos y sacerdotes de toda Colombia recalcaron que la visita de Francisco es “un viaje con fines pastorales y religiosos, sin enfoques políticos”. Es un hecho que desde los distintos sectores de la Iglesia Católica en Colombia se ha procurado unificar las opiniones y los discursos alrededor de la venida del Papa.

Desde que en el 2013 Francisco sustituyó al entonces Papa Benedicto XVI muchos son los comentarios, en su mayoría positivos, sobre el papado del argentino. Francisco, en principio, no es franciscano, es jesuita. Esa fue la orden donde anduvo la mayor parte del tiempo. Se puso Francisco en honor al santo de Asís, aunque tiene más semejanzas con Ignacio de Loyola. Ahora muchos se preguntarán, ¿y eso qué tiene de importante?

Tiene de importante que lo de Francisco vino después. Con lo de Francisco me refiero al nombre, al alias. Ha debido, por razones de tiempo y coherencia, llamarse Ignacio. Pero eso no sería muy rentable puesto que la Compañía de Jesús, fundada por Ignacio de Loyola, no es más que un mísero recuerdo. Fue arrasada por las demás órdenes mendicantes salidas del Vaticano: el Opus Dei y Los legionarios de Cristo. La primera la fundó, el Opus Dei, Josemaría Escribá de Balaguer. Nótese la unanimidad santa de su nombre: José-María. Ese curita cascarrabias cuya voz se volvió orden en todos los colegios de Medellín. En Medellín, para ese entonces, se solían organizar procesiones en todos los barrios a eso de las tres o cuatro de la madrugada, y se paseaban vírgenes, de yeso, claro está, por las casas, sin dejar de santiguar el último rincón.

¿Entonces por qué Bergoglio se puso como se puso: Francisco?  Porque Francisco cotiza más, es más rentable. ¿No prefieren los devotos al santo que dice amar a los animales y reconocerlos como hermanos? Claro, a la gente le gusta más, y a la Iglesia le sirve. En el siglo XIII hubo un hombre llamado Francisco, que era de Asís, Italia. Más adelante le montaron el San, se lo montó el entonces papa Gregorio IX, el que instituyó la inquisición. A Bergoglio, que no lo han canonizado aún, ya le habían dado un título antes de ser papa, el de Cardenal Presbítero de San Roberto Belarmino. Se lo dio Wojtyła, alias Juan Pablo Segundo, el 21 de febrero de 2001. San Roberto Belamino, el que ordenó quemar vivo a Giordano Bruno por decir que las estrellas eran otros soles y que Jesús no era un mesías sino un mago.

A todas estas me pregunto, ¿quién fue Jesús? Incluso entre los no creyentes corre la voz de que fue un maestro. Para mí no puede serlo así puesto que no lo conocí. Ni siquiera sé si existió o fue lo que dicen que fue. Por encima lo conozco por los evangelios, que son cuatro pero que se contradicen entre sí. Dicen que hablaba arameo y hacía sus milagros con vergüenza, porque era más bien modesto y no quería probar a Dios. Dicen algunos aún más atrevidos que fue el primer comunista de la historia. Quién sabe, yo no lo conocí. Además depende de lo que usted entienda por comunismo.

De Francisco también han dicho que es comunista. Del todo no puede serlo porque no se puede alinear a ningún partido. Aunque a todos les reparte bendiciones a diestra y siniestra. Lo puede hacer, incluso, con los ojos cerrados. También hace milagros, como Cristo. El viernes 7 de septiembre se reunirá con su futuro homónimo en Bogotá. Futuro porque, como ya dije, aún no lo han canonizado. Y homónimo porque, por linaje, este ya se consagró al santoral, aunque posterior a su nombre y en plural: Santos. Hablarán de quién sabe qué; de la paz, supongo, aunque sin banderas políticas ni partidistas, como lo piden los obispos. Lo saludarán los jóvenes, vestidos de blanco y armados con si kit del peregrino, y lo mirarán los viejos, que hablan mal de su país pero bendicen al argentino.  Moverá multitudes como Cristo, y dirá que todos somos hermanos, como Francisco. Amén.


Juan Hernany Romero C.

viernes, 11 de agosto de 2017

La sociedad del garrote


La sociedad nos ha ido acostumbrando, desde que somos muy pequeños, a que cada cosa que hacemos tiene una recompensa o un castigo. Si te tomas toda la sopa, te compro ese muñequito que tanto quieres; si estudias y haces las tareas, te llevo al cine; si me ayudas a lavar a loza, te compro un celular. Así es en la casa. Y en el colegio los chicos estudian (cuando no es que se copian la tarea de otros) para no reprobar y ser castigados en sus casas. Ya cuando crecemos, lo que hacemos es buscar un trabajo basados en lo que nos pagan y no en lo que nos toca hacer. Solo le damos importancia a la recompensa económica, claro, para poder pagar las deudas y que no nos embarguen la casa, y no sentirnos tan miserables en la escala de la estratificación social, que es lo que, en últimas, más nos importa.

Solo muy pocas veces y en casos muy particulares, alguien se cuestiona por el impacto de sus acciones en la sociedad, más allá de la conveniencia personal. Estamos esquematizados y guiados por lógicas conductistas en donde o es el garrote o es el billete lo que funciona. El niño no estudia porque piense en un futuro con nuevas ideas y transformaciones sociales, sino porque le toca, y si no hay castigo. Y el adulto igual, trabaja sin conciencia, tan solo huyendo de los problemas que le traería el no hacerlo y buscando acumular más y más bienes.

En ese orden de ideas, poco es lo que nos importa que haya basura en la calle, finalmente para eso están los recolectores de basura y los recicladores. Que trabajen y no sean perezosos ni vagos, pero, por favor, si no es mucha molestia, no hagan tanto ruido por la noche porque hoy es lunes y vengo de trabajar. Si quieren hagan todo el ruido el sábado, que voy a hacer una reunioncita para estrenar mis nuevos altoparlantes con los discos de Dario Gómez. Al pie de la puerta les dejo las botellitas de ron.
Mis vecinos se molestaron la otra noche, la del sábado, dizque porque hice mucho ruido. Envidiosos. Lo que pasa es que les molesta que yo estrene equipo de sonido y ellos no. Chusma. Pero como no saben quién soy yo, entonces ahora que me conozcan. Les voy a armar un escándalo en la mitad de la calle a ver si cogen escarmiento y dejan de ser tan sapos.

¡Qué tal! Yo trabajando toda la semana, tratando de dormir con el ruido del camión de la basura, y cuando puedo descansar estos envidiosos no me dejan. Que trabajen y se compren su propio estéreo y con eso no escuchan mi ruido.

Pero volvamos al tema de antes, que ya se me fue la idea. Es que mi vecino, aunque no pudo comprar un equipo como el mío, ahora trae mariachis a las tres de la mañana para contentar a su mujer, que se resbaló en una caca de perro cuando lo vio orinando en el muro de la miscelánea, a la hora en que todos los niños van a comprar los materiales para sus carteleras y así no les pongan cero. Sus rancheras no me dejan concentrar.

Ahora bien, lo que les quería decir es que me parece el colmo que tengan que andar castigándonos por no acatar normas tan sencillas. Lo digo por mi vecino, claro está, que ahora es deudor moroso del Estado por no pagar sus multas a tiempo. Pero allá él, si no aprende, entonces que le den garrote, que le den por donde más le duele, por el bolsillo. Yo por mi parte ya aprendí la lección y no volveré a reincidir en mis faltas, mejor dicho, no me voy a dejar volver a pillar. De aquí en adelante toca andar más avispado que un policía en moto buscando multas.


Juan Hernany Romero C.
@SectaDeLectores