Bergoglio en su paseo por Colombia
Iniciando
el 2017, cuando el anuncio de la visita de Bergoglio comenzó a generar revuelos
por cuestiones políticas, el Arzobispo de Medellín, Monseñor Ricardo Tobón
solicitó: “no usar el acontecimiento como un evento político para hacer visible
intereses particulares”. Esto porque desde el año pasado se generó un vínculo
muy estrecho entre la visita del Papa y la firma del Acuerdo de Paz, tan en
boga por ese entonces cuando todo giraba en torno al plebiscito y la posterior
corrección de los acuerdos en busca de un gran pacto nacional.
Semanas
más tarde, a manera de comunicado institucional, los obispos y sacerdotes de
toda Colombia recalcaron que la visita de Francisco es “un viaje con fines
pastorales y religiosos, sin enfoques políticos”. Es un hecho que desde los
distintos sectores de la Iglesia Católica en Colombia se ha procurado unificar
las opiniones y los discursos alrededor de la venida del Papa.
Desde
que en el 2013 Francisco sustituyó al entonces Papa Benedicto XVI muchos son
los comentarios, en su mayoría positivos, sobre el papado del argentino.
Francisco, en principio, no es franciscano, es jesuita. Esa fue la orden donde
anduvo la mayor parte del tiempo. Se puso Francisco en honor al santo de Asís,
aunque tiene más semejanzas con Ignacio de Loyola. Ahora muchos se preguntarán,
¿y eso qué tiene de importante?
Tiene
de importante que lo de Francisco vino después. Con lo de Francisco me refiero
al nombre, al alias. Ha debido, por razones de tiempo y coherencia, llamarse
Ignacio. Pero eso no sería muy rentable puesto que la Compañía de Jesús,
fundada por Ignacio de Loyola, no es más que un mísero recuerdo. Fue arrasada
por las demás órdenes mendicantes salidas del Vaticano: el Opus Dei y Los
legionarios de Cristo. La primera la fundó, el Opus Dei, Josemaría Escribá de
Balaguer. Nótese la unanimidad santa de su nombre: José-María. Ese curita cascarrabias
cuya voz se volvió orden en todos los colegios de Medellín. En Medellín, para
ese entonces, se solían organizar procesiones en todos los barrios a eso de las
tres o cuatro de la madrugada, y se paseaban vírgenes, de yeso, claro está, por
las casas, sin dejar de santiguar el último rincón.
¿Entonces
por qué Bergoglio se puso como se puso: Francisco? Porque Francisco cotiza más, es más rentable.
¿No prefieren los devotos al santo que dice amar a los animales y reconocerlos
como hermanos? Claro, a la gente le gusta más, y a la Iglesia le sirve. En el siglo
XIII hubo un hombre llamado Francisco, que era de Asís, Italia. Más adelante le
montaron el San, se lo montó el entonces papa Gregorio IX, el que instituyó la
inquisición. A Bergoglio, que no lo han canonizado aún, ya le habían dado un título
antes de ser papa, el de Cardenal Presbítero de San Roberto Belarmino. Se lo
dio Wojtyła, alias Juan Pablo Segundo, el 21 de febrero de 2001. San Roberto
Belamino, el que ordenó quemar vivo a Giordano Bruno por decir que las
estrellas eran otros soles y que Jesús no era un mesías sino un mago.
A
todas estas me pregunto, ¿quién fue Jesús? Incluso entre los no creyentes corre
la voz de que fue un maestro. Para mí no puede serlo así puesto que no lo
conocí. Ni siquiera sé si existió o fue lo que dicen que fue. Por encima lo
conozco por los evangelios, que son cuatro pero que se contradicen entre sí.
Dicen que hablaba arameo y hacía sus milagros con vergüenza, porque era más
bien modesto y no quería probar a Dios. Dicen algunos aún más atrevidos que fue
el primer comunista de la historia. Quién sabe, yo no lo conocí. Además depende
de lo que usted entienda por comunismo.
De
Francisco también han dicho que es comunista. Del todo no puede serlo porque no
se puede alinear a ningún partido. Aunque a todos les reparte bendiciones a
diestra y siniestra. Lo puede hacer, incluso, con los ojos cerrados. También
hace milagros, como Cristo. El viernes 7 de septiembre se reunirá con su futuro
homónimo en Bogotá. Futuro porque, como ya dije, aún no lo han canonizado. Y
homónimo porque, por linaje, este ya se consagró al santoral, aunque posterior
a su nombre y en plural: Santos. Hablarán de quién sabe qué; de la paz, supongo,
aunque sin banderas políticas ni partidistas, como lo piden los obispos. Lo
saludarán los jóvenes, vestidos de blanco y armados con si kit del peregrino, y
lo mirarán los viejos, que hablan mal de su país pero bendicen al argentino. Moverá multitudes como Cristo, y dirá que
todos somos hermanos, como Francisco. Amén.
Juan
Hernany Romero C.

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